Desde
hace un buen tiempo he venido observando, con gran preocupación, que los jóvenes
de ahora escogen su profesión como si de una vestimenta se tratara; para usarla
mientras puedan y cambiar a otra cosa. Y es que lo notas inmediatamente cuando
le preguntas a un estudiante de quinto año de bachillerato ¿Qué vas a estudiar?,
y sin ninguna emoción te contesta: “Todavía
no lo sé”, cuando se supone que a esas alturas de la vida esa decisión debería estar
tomada.
Recientemente
un grupo de muchachas, estudiantes de una reconocida Escuela Técnica Comercial
de la ciudad, entraron como pasantes en la empresa donde trabajo, nuestra intención
era dejar fija a por lo menos una de ellas, sin embargo, al hacerles la
pregunta sobre que carrera pensaban estudiar, el área comercial y
administrativa brillo por su ausencia. Y
me pregunto yo: ¿Qué hay de los seis años de estudio cursados por ese
estudiante y cuyos conocimientos no va a usar en el resto de su vida? ¿Qué sucede
con el tiempo y los recursos invertidos en él, por él, por sus padres y por el
estado? ¿Qué sucede con el cupo cedido a él, mal utilizado obviamente y que
pudo ser dado a otro que realmente lo aprovechara? ¿En qué está fallando el
estado? ¿En qué fallamos como padres? A mi manera de ver estamos “meando” fuera
del perol.
Y es
que cada vez se hace más común encontrar profesionales inconformes, sucede
mucho con la carrera docente, gran mayoría de los alumnos de los Institutos Pedagógicos
del país terminan allí por no conseguir cupo en otra universidad. ¿Se imaginan
ustedes a un médico que estudie la carrera sin verdadera vocación de servicio? Pues
la carrera pedagógica es tanto o más delicada que la medicina, ya que son ellos
quienes forman al individuo, al ciudadano, al padre o madre y a los
profesionales del futuro. Un verdadero circulo vicioso.
Un
profesional inconforme, se convierte en un profesional mediocre, sin
aspiraciones, sin ambiciones y sin sueños de un futuro mejor. ¿Se les parece en
algo a la realidad venezolana? Al parecer la prueba vocacional que se
realiza a los estudiantes de
bachillerato resulta una gran pérdida de tiempo y recursos; podríamos compararla
con una prueba diagnóstica a la que nunca se le corrigen las debilidades determinadas.
He allí una de las principales razones de la alta deserción escolar en las
universidades en los primeros semestres de las carreras.
La vocación
es la inclinación hacia cualquier carrera o profesión, pero hace falta mucho más
que eso para escoger la profesión de la que vivirás el resto de tu vida. Hace
falta deseo, interés, ambición, aptitudes y sobre todo mucha pasión, estas son
las características que distinguen la Excelencia en un Profesional.
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